jueves, 9 de enero de 2014


LA LETRA DEL SILENCIO

El Dios de la Vida se había hecho Presente.
Como si alguna vez no hubiera estado.
Como un puro presente perfecto.
-He- se decía, expresándose acaudaladamente.
-Demasiadas letras- pensó.
Pronunció sólo: -H.
Diseñaba entre las ranuras de los electrones un idioma que tuviera una letra que no se pronunciara, para que la verdad pudiera ser pensada en silencio.
Sería un idioma privilegiado entre los miles de idiomas. El idioma elegido.
Y de ahí un pueblo elegido.
Como una señal a largo plazo, la letra H fluiría de generación en generación hasta que un día, gracias al no sonido de la letra, las conciencias de la gente de esa lengua comenzarían con lentitud a despertar a la conciencia de ese silencio de Dios.
Del Dios silencioso, que está, pero que duda en revelarse.
Ya aparecen rincones por todas partes y Dios puede estarnos asistiendo desde alguno, o desde varios al mismo tiempo.
Sobre todo porque Dios cuenta con la capacidad de detener el tiempo siempre que le parece, y así la eternidad se le va haciendo larga con tantas interrupciones.

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