LA
LETRA DEL SILENCIO
El Dios de la Vida se había hecho Presente.
Como si alguna vez
no hubiera estado.
Como un puro
presente perfecto.
-He- se decía,
expresándose acaudaladamente.
-Demasiadas letras-
pensó.
Pronunció sólo: -H.
Diseñaba entre las
ranuras de los electrones un idioma que tuviera una letra que no se
pronunciara, para que la verdad pudiera ser pensada en silencio.
Sería un idioma
privilegiado entre los miles de idiomas. El idioma elegido.
Y de ahí un pueblo
elegido.
Como una señal a
largo plazo, la letra H fluiría de generación en generación hasta que un día,
gracias al no sonido de la letra, las conciencias de la gente de esa lengua
comenzarían con lentitud a despertar a la conciencia de ese silencio de Dios.
Del Dios silencioso,
que está, pero que duda en revelarse.
Ya aparecen rincones
por todas partes y Dios puede estarnos asistiendo desde alguno, o desde varios
al mismo tiempo.
Sobre todo porque
Dios cuenta con la capacidad de detener el tiempo siempre que le parece, y así
la eternidad se le va haciendo larga con tantas interrupciones.
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