Estos textos los escribí para presentarlos a un concurso de crónicas breves, de hasta 600 palabras, que organizó el Ministerio de Cultura creo que para Mayo de 2015, recibiendo las presentaciones de los concursantes en un edificio institucional de la avenida Alvear.
El premio resultaba digno, lo cual sucede muy cada tanto.
Debería haber muchos concursos de literatura con premios económicos de alguna consideración. Porque no preocuparse de que los trabajos premiados sean adecuadamente retribuidos es depreciar la actividad literaria, devaluando al escritor no comercial.
Estos escritos no tuvieron ningún mérito.
Son tres historias reales y recientes, compuestas de doscientas palabras cada una
SERES DE UNA CIUDAD
BLUS
Al comenzar a trabajar en las oficinas de un club sindical, Blus advirtió que le tocaba el papel de empleado básico al que se le asigna una tarea de mayor responsabilidad, que en su caso resultaba ser el desvío de fondos del club a la cuenta bancaria del secretario de contaduría, el señor Carnero, en un trámite que comprometía a Blus.
Carnero era su jefe; le había conseguido el empleo tras conocerse jugando en un
equipo de fútbol de salón. La primera vez que le ordenó traspasar una cifra
varias veces superior a su sueldo le explicó que era un dinero que el club le adeudaba.
Pero luego los desvíos se repitieron y Blus pensó que sería mejor tener constancias
que certificaran esos trámites. El nivel de vida de Carnero había cambiado en pocos
meses: compró un automóvil lujoso y salió de vacaciones con su familia a EE.UU.
y a Europa.
Al tiempo, algunos de la comisión directiva decidieron investigar si el poder
adquisitivo de Carnero se relacionaba con los recursos del club. Interrogado,
Blus detalló los trámites que su jefe le encargaba realizar.
Carnero lo consideró una traición: -¡Cómo me pudiste hacer esto!- le recriminó.
Y lo suspendió acusándolo de incumplimiento, y le enviaba mensajes acerca de
que “ya iba a saber quién era él”.
Sin el salario, Blus pronto quedó en situación precaria. Su continuidad laboral
dependía de unas próximas elecciones en el club, pero incluso podría haber más
despidos. La actitud de Carnero hacia él empeoró en el inicio de un proceso
judicial en que Blus debió ratificar lo dicho. Carnero había ambicionado hacer
carrera política, y ese testimonio arruinaba todas sus posibilidades.
Las presiones que Blus recibía aumentaban su indignación, pero al menos esta
vez el delito sería castigado.
Cumplidas las elecciones, la nueva comisión directiva expulsó a Carnero del
club, y le concedieron a Blus reincorporarse a su empleo.
La ciudadanía casi nunca se entera de estos episodios en los que un trabajador logra derrotar a la corrupción.
SERES DE UNA CIUDAD
EL NEGRO
EL NEGRO
Con el Negro
cursamos juntos el colegio secundario, ambos derivados a una división de cuarto
año para alumnos difíciles, cuya tradicional indisciplina se potenciaba en
aquel 1973 vivido con sensaciones de incertidumbre y revolución.El Negro se destacaba por su desapego al formalismo, su negación al deporte y
un estilo deslucido. Étnicamente mezcla de afro, europeo y árabe, daba una originalidad que
habría ser uno de sus pocos orgullos. Lo discriminaban y soportó agresiones.
Hicimos amistad al año siguiente, cuando coincidimos durante unos meses en un partido de izquierda. También nos acompañábamos en andar las noches urbanas. Compartíamos afinidad en música y poesía. En el ’75 integramos un grupo surrealista. Pintábamos paredones convocando a la rebelión universal.Durante la dictadura fuimos parte de la izquierda refugiada en los bares y librerías de la avenida Corrientes, debatiendo sobre arte e injusticias, vigilados por espías inhábiles para descifrarnos.
Así subsistimos como un milagro menor en la tragedia. Incluso, desde diciembre del ’80 participamos en las primeras marchas abiertas convocadas por las Madres. Después, con los años, el Negro fue siendo cada vez más él mismo. Dedicado a la venta ambulante, cultivaba una irreverencia provocativa, declamando entre el público ocurrencias absurdas. Nunca tuvo un buen pasar económico. El departamento de su familia es hoy ocupado por una de sus hermanas, perteneciente a una congregación católica, y su hija adoptiva. Opuesto a la religión, el Negro no conviviría con ellas.Ya a su edad, y con muy pocos recursos, alquila una magra pieza de pensión. La pregunté si había pensado en reclamar a su familia su herencia correspondiente del departamento, para lo cual deberían venderlo. Contestó que jamás hará eso, por ser el hogar de su hermana y su hija.El Negro ha puesto en su vida una actitud de antihéroe, pero también un cierto heroísmo, algo displicente, sin más esperanzas que el día a día en los laberintos del mundo.
Hicimos amistad al año siguiente, cuando coincidimos durante unos meses en un partido de izquierda. También nos acompañábamos en andar las noches urbanas. Compartíamos afinidad en música y poesía. En el ’75 integramos un grupo surrealista. Pintábamos paredones convocando a la rebelión universal.Durante la dictadura fuimos parte de la izquierda refugiada en los bares y librerías de la avenida Corrientes, debatiendo sobre arte e injusticias, vigilados por espías inhábiles para descifrarnos.
Así subsistimos como un milagro menor en la tragedia. Incluso, desde diciembre del ’80 participamos en las primeras marchas abiertas convocadas por las Madres. Después, con los años, el Negro fue siendo cada vez más él mismo. Dedicado a la venta ambulante, cultivaba una irreverencia provocativa, declamando entre el público ocurrencias absurdas. Nunca tuvo un buen pasar económico. El departamento de su familia es hoy ocupado por una de sus hermanas, perteneciente a una congregación católica, y su hija adoptiva. Opuesto a la religión, el Negro no conviviría con ellas.Ya a su edad, y con muy pocos recursos, alquila una magra pieza de pensión. La pregunté si había pensado en reclamar a su familia su herencia correspondiente del departamento, para lo cual deberían venderlo. Contestó que jamás hará eso, por ser el hogar de su hermana y su hija.El Negro ha puesto en su vida una actitud de antihéroe, pero también un cierto heroísmo, algo displicente, sin más esperanzas que el día a día en los laberintos del mundo.
3 SERES DE UNA CIUDAD
YAN
YAN
Yan es un joven con inquietudes a favor de la justicia social; usualmente dialoga por internet acerca de política y muestra su afición a las narraciones interactivas. Ha comenzado una carrera universitaria. Es corpulento, algo excedido en peso.Hace poco Yan contó en la red social un incidente del día, en una estación del subterráneo; él dentro en un vagón repleto, junto a la puerta, y una mujer con dos niños intentando ascender:
“18.30, subte lleno; una chica delante de mí, yo haciendo equilibrio para no apoyarla, llegamos a una estación, se abre la puerta y una señora me empieza a empujar para subir; le digo que pare, que no hay lugar; me dice que puedo dar un paso más. Yo le respondo que no, que si me muevo apoyo a la chica que tengo delante. Acto seguido, a los gritos, me empieza a tratar de maricón porque decidí no apoyar a la chica, según ella "pudiendo hacerlo sin que me dijera nada"
Yan exclama su indignación por las palabras de la mujer y por ser pronunciadas delante de los niños:
“Te lo entiendo de un perverso ebrio, pero ¿de una señora con un nene y una nena de no más de 6, 7, 8 años? ¿Qué le está enseñando a sus hijos? Suerte que como no entraba bien, y yo no cedí, se quedó afuera”.
También aclara que la señorita le agradeció al descender.Alguno lo felicitó, pero Yan respondió que le molestaba ser felicitado por actuar de una forma en que todos deberían hacerlo.Tuvo la audacia o la simple sinceridad de enunciar la posibilidad de “apoyar” a una dama, conmoviendo conciencias en aquel ambiente tensionado por los apretujones de cuerpos.La respuesta grosera de la mujer fue una represalia contra Yan; la venganza por atreverse a develar esas tensiones que la costumbre obliga a mantener disimuladas.Yan quiso revocar la procacidad humana al impacto de la palabra.Su actitud, certera o desmesurada, parece postular una fe en otros valores, pasados o venideros. O sencillamente estar cumpliéndolos, como la obstinada misión de un caballero de otros tiempos.
fin