martes, 25 de febrero de 2014

EL MONO DESNATURALIZADO


EL  MONO  DESNATURALIZADO

 

 Otro día de amasijo en la ciudad cementera.
 El mono desnaturalizado corretea por pasillos que son todos iguales, hacia sucesos iguales, como repitiendo y repitiendo los días iguales, excepto algunos días que son diferentes, siempre igual de diferentes.
 Peregrina por cientos de vidrieras, ventanillas y ventanales, y en ninguna parte una plantita, y una flor mucho menos.
 Los árboles hace rato que dejaron de existir bajo las mareas de hollín, y luego fueron talados para usarse como leña frente a alguna crisis de combustible.
 El mono transita rodeado de imágenes inmensas de objetos para comprar, ambientados con los paisajes más hermosos que hubo en la naturaleza, ya hoy sólo imágenes que lo invitan a ingerir preparados químicos con gusto a carne o a vegetal, según los adictivos que contengan.
Su cuatriciclo automático se desliza hacia el sitio prefijado, eludiendo obstáculos e inconvenientes.
 El mono duerme en su asiento de piloto y al zumbido del motor sueña que prospera en un mundo de cemento, andando territorios cubiertos por capas de cemento, con ríos y con océanos de cemento y altísimos muros de cemento bajo las nubes calcinadas e inmóviles.
 Al doblar rápido una esquina despierta correctamente sujeto a su cinturón de seguridad y suelta un grito que nunca antes había escuchado.
 Allá arriba, entre dos azoteas, el sol es un manchón de yeso en el cielo, alumbrado de lejos por un refulgir de pantallazos publicitarios.

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